martes, 22 de mayo de 2018

Que ver y que hacer en la Sierra de Guara

Fuente la Tamara - Foto La Casa de Anais

El Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara es uno de los espacios protegidos más extensos de Aragón, conocido en todo el mundo por la espectacularidad de los profundos cañones esculpidos por los ríos, la lluvia y el aire.

Cañon del rio Vero - Foto La Casa de Anais


Es una zona de especial interés natural, histórico, cultural y paisajístico.
Hay un montón de visitas y actividades para hacer en familia, para todos los gustos y edades, así como propuestas para practicar el senderismo o hacer excursiones por las montañas de exuberante paisajes que no nos dejarán indiferentes.


Vadiello - Foto La Casa de Anais



Alquezar en la Sierra de Guara - Foto La Casa de Anais







Móvil Anais: 683 24 17 26









lunes, 14 de mayo de 2018

Ruta a la Piedra San Martin Sierra de Guara


Bonita ruta de 6 horas para admirar el cañon de la Peonera desde la piedra de San Martin en la Sierra de Guara y fotografiar por fin a mi primer quebrantahuesos, la única ave que se alimenta de huesos.



























martes, 8 de mayo de 2018

Escalada en la Sierra de Guara



La escalada deportiva consiste en subir con manos y pies por una pared buscando los agarres que nos ofrece la roca. Existen 3 disciplinas: la escalada clásica, la escalada deportiva y el boulder.
La actividad se realiza en las fantásticas paredes de escalada que ofrece el Parque Natural de la Sierra de Guara, rodeado de estupendos paisajes.

En la escalada clásica hay que llevar material para asegurarse y montar reuniones, descubrir el itinerario y su lógica.

La escalada deportiva se practica con material de resistencia garantizada y colocado para que el escalador no pueda dañarse si cae.


El boulder es la modalidad de escalada en la que no se utiliza cuerda ni elementos de seguro. Normalmente son recorridos cortos y ascensos de hasta 5 ó 6 metros de alto y en caso de caída suele amortiguar algún tipo de colchoneta.


La escalada es una actividad regulada en el Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara. Por favor consulta la normativa.








Móvil Anais: 683 24 17 26

lunes, 7 de mayo de 2018

Los miradores accesibles de la Sierra de Guara

Mirador de Morrano Sierra de Guara

El Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara cuenta con varios miradores espectaculares y accesibles

El mirado del río del Vero o Portiacha, en la carretera A-2205 de Lecina a Colungo;

Mirador del rio Vero Sierra de Guara


El mirado de la Peña Falconera en Morrano, cerca del pueblo (pista desde el km 33 de la A-1227);

Mirador Peña Falconera Sierra de Guara



El mirador de Alquézar, ubicado junto a la ermita de San Gregorio;

El mirador de de Calcón, con vistas al embalse de Guara (pista asfaltada desde la A-1227 entre Aguas y Coscullano);

El mirador de Belsué, en la sierra de Bonés (acceso por la antigua HU-V-324 a la altura del túnel de Manzanera)

Mirador Salto de Roldan Sierra de Guara



El mirador del barranco de Balcés (km 16 de la HU-341 de Bierge a Rodellar).

Mirador del Balces Sierra de Guara




También son accesibles los observatorios de aves de Nueno, Alquézar y Santa Cilia de Ponzano.

En Casa de Anais le podemos proporcionar todas las informaciones y todos los mapas para acceder a estos sitios espectaculares para hacer de su estancia en la Sierra de Guara un recuerdo inolvidable.

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domingo, 6 de mayo de 2018

Leyendas de la Sierra de Guara: el dolmen de Ibirque



¿Conoces la leyenda del dolmen de Ibirque?

Solo te digo una cosa, si algún día comienza a llover mientras haces camino por la Sierra de Guara no te guarezcas en ningún dolmen, pues guardan secretos que solo son desvelados a sus moradores y que pocos han podido contar...



   Los truenos parecían querer dinamitar la Sierra. Las últimas luces habían desaparecido de las crestas más altas hacía ya un buen rato. La noche era cerrada. La visibilidad era nula y Antonio, aunque conocía el camino, decidió parar. La lluvia golpeaba con fuerza el sediento suelo. Mientras no cesase de caer el agua era una locura continuar a oscuras el ahora resbaladizo sendero que bajaba de Nocito. El refugio más cercano era Ibirque, hacia el oeste, y el de la Abellada, hacia el este. En cuatro zancadas de sus poderosas pierrnas, Antonio se presentó en el montículo donde se ubica aquella construcción milenaria.

Antonio conocía todos los secretos de la Sierra. Sus montes, sus valles, senderos, vaguadas y fuentes, pero no se sentía a gusto cobijado en el dolmen. No obstante, se acomodó lo mejor que supo y por lo menos sintió alivio al verse libre del aguacero que hacía unos momentos caía encima de él. Aunque quería pensar que se iba a encontrar bien en ese refugio, tenía miedo. “¿Miedo yo?”, se dijo, “que tontería”.

De niño jamás se había acercado al dolmen después del atardecer. Incluso en pleno día, nunca se detenía en sus cercanías si andaba solo. En la comarca conocían a aquel dolmen como “la Caseta de la Bruja”, lo cual había dado pie a numerosos cuentos que su abuela le narraba cuando era chico…

Su cuerpo se estremeció con el sonido de un trueno. Cada uno de éstos era anunciado por una tétrica luz que iluminaba todo su alrededor. Notó cómo su corazón latía con más fuerza y con más velocidad. Por su mente pasaron una a una las historias que su abuela le contaba. (…)

(…) Con éstos y otros pensamientos, Antonio se sintió atacado por el sueño. Una cabezada no le iría mal. Además ya era hora de dormir. (…)

(…) Le despertó un trueno que sonó de manera especial. Había dejado de llover y, desde el interior del dolmen, pudo distinguir un cielo estrellado. Iba a incorporarse cuando le pareció oir un murmullo de voces. Antonio se preguntó cómo podría ser que anduviera gente por ahí a aquellas horas. Contuvo la respiración y, sin mover un solo músculo, prestó más atención al rumor. Era una especie de canto… o no lo era. No supo describirlo. Las piernas le empezaron a temblar. Si, si que era un canto. Un extraño canto en el que claramente sonaba su nombre con frecuencia: Antonio, Antonio, Antonio Castán… Unas voces femeninas cantaban suave y monótonamente. Antonio no pudo descifrar más palabras. Ni una sola, excepto su nombre, cuyo sonido parecía quedar flotando en la noche. ¿Quien podría estar allí? Y lo que más le asustaba, ¿quién sabía que él estaba en el dolmen?

No se podía mover. El miedo le atenazaba. Seguía escuchando la misma tonadilla. Estaba empapado y esta vez no era por la lluvia. Vio -siempre desde el interior del dolmen- como unas insólitas luces iluminaban el paisaje. No había luna. Tampoco podía ser una hoguera… Unas extravagantes formas se alargaban hasta tocar el Tozal. Las tenebrosas siluetas bailaban pausadamente. Diríase que el Tozal de Guara se había convertido en el teatro del infierno… La canción seguía sonando cada vez con más claridad. (…)

Antonio decidió que, de una u otra forma, tenía que poner fin a su desesperada situación. El corazón le iba a reventar. Estaba agarrotado ya que el miedo no le dejaba moverse. Muy lentamente comenzó a incorporarse… Nada más asomarse notó como le ardían los ojos. Una extraña luz, sin tener la vivacidad del fuego, penetró hasta sus pupilas y más allá, hasta dejarle sumido en la oscuridad…


A la mañana siguiente, Gregorio, pastor de Ibirque y su hija María, llevaron a pastar el rebaño.
La mañana estaba tranquila. El sol todavía ya calentaba con fuerza. Las cigarras cantaban al verano.
La niña se alejó detrás de un travieso cabritillo y su padre se quedó cuidando al resto de las ovejas. 
De repente un agudo chillido rompió la calma de la Sierra.
Gregorio, el pastor de Ibirque, salió corriendo hacia donde se había oído el grito, llegó sofocado al dolmen, pensando en la presencia de alguna víbora pero lo que ambos vieron fue mucho peor: en el dolmen de Ibirque estaba el cadáver de Antonio... Se encontraba en una posición extraña, como queriendo arañar la roca, pero lo que más le horrorizó fue su cara: tenía una expresión de terror y el lugar en el que deberían haber estado los ojos estaba vacío. Sin pensarlo dos veces se llevó a su hija y salió huyendo de allí.

Cuentan las gentes de Guara, que la última visión que Antonio tuvo fue la siguiente: un círculo fantasmagórico formado por mujeres, todas vestidas de negro, cantando la misteriosa canción en una desconocida lengua para él. En el centro del círculo había una cabeza. La cabeza más horrible que jamás podía haber imaginado. Era de color verde azulado. Tenía cuernos como los del mismísimo diablo y de ella manaba la terrible luz que le había cegado…. 
Cómo no tuvieron conocimiento de lo que el joven vio antes de morir, creo que ni ellos mismos lo saben...


El dolmen de Ibirque. Leyendas de Guara. Javier Catasús Latorre





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sábado, 5 de mayo de 2018

Turismo ornitológico en la Sierra de Guara


El Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara es un enclave rico en numerosos recursos, uno de ellos es el turismo ornitológico, ya que su clima y orografía favorecen la existencia de casi 200 especies diferentes de aves, entre las que se encuentran algunas en peligro de extinción como el Quebrantahuesos.

La Sierra de Guara, dentro de las comarcas de la Hoya de Huesca, Sobrarbe, Alto Gállego y Somontano, atrae cada año a más aficionados a la observación de aves, ya que en el territorio se pueden encontrar un gran número de ejemplares durante todas las épocas del año. La primavera es quizá la estación más interesante, ya que es época de cría y se oye el retumbar de sus cantos desde múltiples rincones. También es el momento de la nidificación.

Hay diversos puntos desde donde observarlos. Aquí os dejamos una pequeña muestra.

Rodellar y Bierge
En el Somontano os esperan Rodellar y Bierge, dos poblaciones en el corazón del Parque Natural de la Sierra de Guara. Desde la página de Turismo del Somontano nos invitan a realizar una ruta a pie para disfrutar de la riqueza ornitológica de la zona conocida como la Real de Mascún. 
Es circular y parte de Rodellar para pasar por Surgencia de Mascún, el dolmen de Losa Mora, Nasarre, Otín, Barranco de Mascún y regreso a Rodellar. Son 17 kilómetros, por lo que lo mejor es que esteis en forma. Aproximadamente, la ruta sin paradas para ver aves dura unas cinco horas y media. Si no estáis acostumbrados a andar también podéis hacer el tramo de Rodellar-Surgencia de Mascún. Es una ruta interesante porque mezcla especies de clima atlántico con las de clima mediterráneo. Así descubriréis buitres leonados, quebrantahuesos o águilas reales. En Surgencia de Mascún es fácil ver en invierno ejemplares de treparriscos y mirlos acuáticos. 
Si no queréis andar podéis hacer el trayecto por carretera que separa Rodellar de Bierge, 37 kilómetros entre los barrancos de Balced y Alcanadre. Hay varios miradores durante el recorrido. También hay miradores escondidos (que hay que caminar por pistas forestales) como el de la Peonera y de San Martín, con pocos turistas y tranquilidad asegurada.

Vadiello
El embalse de Vadiello es otro paraíso para disfrutar de los pájaros. En las paredes de los mallos de Vadiello podréis observar nidos de aves como el quebrantahuesos, el alimoche o el buitre leonado. Además, por su clima mediterráneo también os sorprenderán otras especies como el treparriscos. 
Hay varias sendas señalizadas que parten desde el embalse.

Salto de Roldán
Otro lugar que no os podéis perder es el Salto de Roldán. 
Se pueden hacer diversas rutas por la zona para ver especies como el colirrojo, el mosquitero o el tizón, entre otras muchas. Podéis acceder a la cara sur del Salto del Roldán (también conocida como peña San Miguel), allí os esperarán los buitres leoandos, los alimoches, las águilas… 
En el mes de marzo, existe la posibilidad de observar grullas, que se encuentran en pleno proceso migratorio.





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